¿Qué es prioritario?, ¿qué es más importante?, ¿curar?, ¿cuidar?…¿podemos hacer ambas cosas?, ¿o debemos elegir?, … Hacemos equilibrios sobre la delgada línea que separa curarse o cuidarse más veces de las que nos imaginamos.

Pongamos un símil. Podemos «curarnos» de un atracón, tomando un antiácido o podemos «cuidarnos» de un atracón, decidiendo que vamos a evitar comer lo que sabemos que no nos sienta bien, a parar cuando ya no tengamos hambre, o a beber menos alcohol. Sin duda cuidarse, requiere de una mayor conciencia y planificación.

Y tú, ¿te centras en curarte o en cuidarte?

Concentrar todos nuestros esfuerzos en «curarse» puede convertirse en un arma de doble filo. Porque poner mucho ahínco en el objetivo esperado conlleva desgaste, y frustración cuando el resultado no ha sido el deseado (los antiácidos no siempre funcionan y no son el remedio a largo plazo frente a los malos hábitos alimenticios).

A mi modo de entender, cuidarte es escucharte y fluir con lo que la vida te trae, tanto en la salud como en la enfermedad. Nunca podremos controlar al 100% el resultado y si nos hacemos conscientes de ello, nos liberamos de un gran peso. Ahí es donde cruzamos la linea que separa curar, y hacemos sitio para cuidarnos, no porque así nos inmunicemos ante la incomodidad o el dolor, si no porque podremos convivir mejor con lo que sea que la vida nos depare.

Cuando soltamos el control, conseguirmos resultados asombrosos

Te comparto esta «Meditación del dolor» cuya intención no es la de CURAR sino la de CUIDAR. En muchos estudios científicos se ha evidenciado el éxito de la meditación para tratar a las personas que sufren dolor crónico o enfermedad. Es curioso como cuando soltamos el control por curarnos, conseguimos resultados asombrosos.

TRANSCRIPCIÓN DEL AUDIO

El dolor es parte de la condición del ser humano y la forma como nos relacionamos con él es esencial en el desarrollo de nuestra vida.

El dolor y el malestar no son una sola cosa, sino un manojo de sensaciones diferentes que van cambiando. Al permitirnos acercarnos, con suavidad y amabilidad, a estas sensaciones, en lugar de rechazarlas y apartarlas con miedo o enfado, se abre una nueva posibilidad. Esta posibilidad es la que te invito a observar con esta práctica.

Adoptando una postura acostada o sentada, la que sea más conveniente para ti en este momento. Cerrando los ojos con suavidad, sin apretarlo.

Realizando 3 respiraciones profundas tomando el aire por la nariz y soltándolo por la boca. Mandando de esta forma una señal a la mente de que vas a iniciar una meditación.

A partir de ahora respirando únicamente por la nariz, si te es posible.

Tomando conciencia de la postura, de los puntos del cuerpo que están más en contacto con la superficie que los sostiene…

Permitiendo que todo el peso del cuerpo vaya deslizándose hacia esta superficie, con confianza. 

Siendo consciente de los sonidos que te envuelven, sonidos del exterior, sonidos de la habitación o quizás sonidos provenientes de tu propio cuerpo. Sin considerarlos como un impedimento para este momento en el que has decidido hacer esta práctica, simplemente tomando nota de ellos y dejándolos pasar.

Dirigiendo la atención a la respiración, el aire entra y sale por las fosas nasales, quizás puedas notar la diferencia de temperatura, con la inhalación el aire entra fresco y con la exhalación sale cálido, después de haber recorrido todo tu cuerpo.

Prestando atención al movimiento que la respiración ofrece al torso: las clavículas suben y bajan con suavidad…, el pecho se abre y se suelta…, el abdomen se hincha y se deshincha como si fuese un globo…

Te propongo concentrar la atención a la respiración en el pecho, en la zona del corazón.

Notando como con la inspiración el pecho se expande.. y con la exhalación se suelta…observando las respiraciones. Quizás puedan ser un poco más suaves, más largas…más amables contigo misma.

Inspirando….Exhalando….

Notando el movimiento, la elasticidad que la respiración aporta al pecho.

Siendo consciente de la presencia del corazón, quizás puedas notar sus latidos… en cualquier caso sabes que este órgano, vital para la existencia, puede acoger cualquier sensación, emoción o pensamiento con amabilidad, acunándolo en este suave movimiento de la respiración…

Desde este punto te propongo que conectes con la parte más valiente de tu corazón para ir aproximándote poco a poco hacia esa sensación intensa etiquetada como dolor o malestar. Notando cómo reacciona la mente ante esta propuesta y dejándolo ir. Me doy el tiempo que necesite para que mi atención total se concentre en el área que tiene esas sensaciones incómodas. Me permito recibir esas sensaciones, respaldada por la respiración suave y lenta de mi pecho que me va nutriendo. 

Puede parecer como si el cuerpo quisiera agarrar y mantener encerrado el dolor. Si te sirve puedes visualizar como un puño agarra ese dolor, lo mantiene comprimido e intenso, haciendo difícil acercarse a él. 

Y poco a poco puedes permitir que ese puño se vaya aflojando, se vaya abriendo. Este acto te permite explorar como son las sensaciones, sin querer apartarlas. Viendo como cada vez se pueden distinguir más sensaciones ¿son sensaciones penetrantes o  intermitentes como pinchazos o corrientes? ¿están localizadas o se expanden desde un centro? Me doy un tiempo para explorar con actitud curiosa las sensaciones, la intensidad y las cualidades de este malestar.

Al acercarme con esta actitud, la tensión que aparece con el rechazo al dolor disminuye y permito que el dolor comience a soltarse, es como si los dedos del puño que encierran el dolor, al abrirse, dejan escapar ese dolor, dejando escapar también el miedo que lo rodea, la tensión que lo oprime.

Contemplando como las sensaciones del dolor flotan libremente, me ablando ante su presencia, lo acojo en el corazón…

Conectando nuevamente con la respiración en el pecho, en la zona del corazón con la inhalación el pecho se expande, con la exhalación el pecho se suelta.

Cada vez hay más espacio en mi interior. Y desde aquí repitiendo, internamente, las frases que te propongo:

«que pueda ser amable conmigo misma»

«que pueda sentir calma»

«que pueda sentir alegría»

Permitiendo que estas palabras de amabilidad, calma, alegría floten al lado de las sensaciones que percibes. Descansando todo tu cuerpo en estas sensaciones, acogiéndolas y aceptándolas sean las que sean.

Agradeciéndote tu valentía para hacer esta práctica. 

Considerando la posibilidad de repetirla en más ocasiones. Poco a poco cuando el sonido de la campanilla finalice, abriendo los ojos con suavidad. 

Puedes leer más sobre cómo cuidarte aquí

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