Amabilidad: la cara oculta de Mindfulness (incluye audio)

Es curiosa la reacción que tienen las personas cuando les hablamos de la amabilidad, o bien nos ponen cara de estar escuchando otro idioma, o bien desde un plano muy mental nos dicen que esto de la amabilidad está muy bien, que ellos saludan al vecino y todo eso. Lo cierto que introducir la amabilidad en la ecuación supone un verdadero shock. ¿Por qué?.

El llamado padre del Mindfulness en Occidente, Jon Kabat Zinn, debió experimentar algo similar cuando empezó a realizar sus programas de reducción de estrés basados en Mindfulness (MBSR), su definición de Mindfulness inicialmente fue la siguiente:

“Mindfulness es la habilidad de la mente para prestar atención al momento presente, suspendiendo el juicio”

Jon Kabat Zinn

La amabilidad no aparecía por ningún lado en su definición de Mindfulness cuando es una parte capital de la práctica. Cuando los niveles de estrés de las personas son significativos, hablarles de amabilidad no tiene sentido. A un nivel psicológico y fisiológico se sienten en amenaza, así que en estos momentos sus sentidos se concentran en defenderse o luchar, ser amable no les puede ayudar en esta situación.

Kabat Zinn debió pensar que cuando las personas consiguieran tener regulado su estrés, estarían preparadas para trabajar con la amabilidad. Así que años más tarde y con la seguridad que da la experiencia de la práctica y los numerosos estudios científicos que avalaban su trabajo, re formuló su definición de Mindfulness añadiendo la tan «temida» amabilidad. (También dicen que algunos maestros orientales le llamaron al orden).

“Mindfulness es la habilidad de la mente para prestar atención al momento presente, suspendiendo el juicio, y con amabilidad»

Jon Kabat Zinn

Diferencias de la finalidad de la práctica entre Oriente y Occidente

En el mundo occidental, donde los niveles de estrés son muy altos, se ha puesto el énfasis en la primera parte de la definición, prestar atención y suspender el juicio. Se realizaron múltiples estudios que avalaban que con la práctica de Mindfulness se produce:

  • aumento de la concentración
  • regulación emocional
  • claridad en la toma de decisiones y resolución de conflictos
  • disminución del estrés

Todo ello muy conveniente para nuestro día a día ya que nos hace más eficientes, resolutivos y competentes. 

En Oriente el objetivo está en la felicidad. Los beneficios antes mencionados son una consecuencia de la práctica pero no su objetivo. El final de la definición de Mindfulness «con amabilidad» te da la llave para conectar con lo que realmente importa que es lo único que te conduce a la felicidad.

Mi bienestar y el de todos los seres vivos: la felicidad compartida, porque para que la felicidad exista debe ser compartida.

Cómo practicar la amabilidad

Si la práctica de suspender el juicio te abre los ojos, la práctica de la amabilidad te abre el corazón, y ambas son las alas del Mindfulness que te dirigen hacia la Felicidad.

Es curioso, pero cuando pensamos en amabilidad pocos nos planteamos que debe comenzar con uno mismo. Si no te cuidas, si no eres amable contigo mismo pueden ocurrir dos cosas, o bien no eres amable con los demás o bien terminas “quemado”.

La amabilidad no implica condescendencia

Una persona que practica con interés y continuidad no conecta con la indulgencia hacia uno mismo, sino con el cuidado. Si una tarde llegas muy agotado a casa, con los ánimos decaídos puede que decidas comerte una galleta, pero nunca te comerás todo el paquete, incluso hasta puede que sustituyas esa galleta por una manzana saludable.

Existen prácticas de Mindfulness donde la amabilidad se puede entrenar de manera consciente. Y su efecto tiene un poder reparador muy potente, construyendo redes neuronales que tienen que ver con la salud y el bienestar emocional y físico de las personas. Richard Davidson es uno de los científicos más destacables que ha realizado estudios con este tipo de prácticas.

Así que hoy te vamos a proponer una nueva práctica de atención a la respiración que incluye, específicamente, deliberadamente, el cultivo del final de la definición de Mindfulness: la amabilidad.

RESPIRACIÓN AMABLE

TRANSCRIPCIÓN DEL AUDIO

CAMPANILLA

Te propongo que adoptes una postura cómoda y que te mantenga alerta, puede ser sentado en una silla o cojín, o tumbado si tu condición física lo requiere.

Si has elegido la posición sentada: mantén los dos pies apoyados sobre el suelo. La espalda recta y alineada con las cervicales, para lo que te puede ayudar acercar un poco el mentón hacia el pecho. Las manos apoyadas sobre las piernas.

Si estás tumbado: que la superficie no sea excesivamente blanda. Separa las piernas al ancho de las caderas, deja caer los pies a los lados. Los brazos estirados a lo largo del cuerpo y con la palma de las manos hacia arriba.

Sea cual sea la postura, es recomendable mantener los ojos cerrados o semi abiertos, con la vista en un punto fijo.

Toma un instante para comprobar cómo estás en este momento: quizás localices alguna tensión en el cuerpo que puedas suavizar al tomar conciencia de ella. Puedes atender a qué pensamientos ocupan tu mente, tal vez relacionados con recuerdos del pasado o con tareas pendientes del futuro e incluso puedes notar qué emoción se está manifestando: inquietud, melancolía, calma, paz.

De esta manera estás tomando conciencia de cómo estás justo ahora y, lo que es más importante, aceptándolo sin juzgarlo.

Ahora, te invito a dirigir tu atención a la respiración, investigando qué características tiene: si es corta o larga, agitada o relajada. ¿Dónde la notas con más facilidad, en las fosas nasales, en el pecho o en el abdomen?. Incluso observando las fases de la respiración tal y como se está produciendo en este momento. La inspiración, la exhalación y la pausa entre ambas.  

Siendo plenamente consciente de la respiración, te propongo cultivar deliberadamente, un ritmo respiratorio que invite a la calma y al sosiego. Para ello dirigiendo nuevamente la atención a la respiración y siguiendo cada inspiración y cada exhalación con una atención relajada y con una actitud amable hacia ti mismo.

Para lo cual quizás te pueda ayudar: ajustar la postura y soltar un poco más la musculatura. Esbozar una sonrisa.Tomar conciencia del efecto del movimiento de la respiración en la zona del corazón. Notar como la respiración se alarga y se vuelve más sutil. Percibir como progresivamente van apareciendo unas sensaciones de espaciosidad, ligereza y calidez en la zona del corazón.

Siendo consciente de todo el cuerpo, siendo consciente del efecto que cultivar esta respiración amable está teniendo en ti ahora. 

Quizás puedas dirigirte un deseo amable, por ejemplo: 

“que pueda sentirme feliz”

“que pueda sentirme sano”

“que pueda descansar” 

O cualquier otro deseo que consideres apropiado para ti en este momento. Dejando que estas palabras vayan fluyendo desde el corazón, al ritmo de la respiración.

CAMPANILLA

Antes de finalizar esta práctica, puedes hacer el propósito de recordar estas buenas intenciones y mantener este trato afectuoso hacia ti mismo, que has cultivado con la respiración, a lo largo de todo el día.

En nuestras formaciones solemos acabar las sesiones expresando el deseo que los beneficios de la práctica puedan extenderse desde nosotros mismos hacia los demás.

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